PAZ EN COLOMBIA

EL SÍ QUE TRANSFORMARÁ AL PAÍS

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EL SÍ QUE TRANSFORMARÁ AL PAÍS

                                                                                                        Ligia Gálvis Ortiz

                                                                                                          abogada y filósofa

 Llegó el día del acuerdo final, llegó el día en que se silenciaron los fusiles de las FARC-EP y las bombas y fusiles del Estado, terminó esta confrontación que nos quitó más de medio siglo de posibilidades de vida digna. Esas firmas apostadas por los jefes de los dos equipos negociadores son un regalo para quienes, como yo, pasamos la vida tratando de abrir trochas en donde no se oyera el ruido de las balas y de las bombas. Para mi y para otras personas de este país el acuerdo firmado es un regalo porque nos permite vivir esta última etapa de nuestras vidas contribuyendo a construir esos modelos de vida que promueven la expansión de la convivencia en paz, de la gestión pública transparente, de las formas diversas de organización de las familias y de éstas como agentes garantes de los derechos de sus integrantes, de la escuela formadora de democracia y de habilidades para los emprendimientos libres y autónomos de la gente. Para quienes nacimos con el temor de la guerra, huyendo de sus desastres es un regalo porque ahora podemos morir construyendo la democracia incluyente, la democracia de los buenos días para todas y todos, así no pensemos igual y seamos adversarios deportivos o políticos. ¡Gracias a los dos equipos negociadores, gracias a las víctimas que siempre nos han iluminado con su nobleza, por ese regalo!

Votemos si a la pregunta del plebiscito, en primer lugar porque el fin del conflicto con las FARC hace visibles las otras violencias que afectan al país y que tenemos que erradicar para construir la paz estable y duradera que queremos y necesitamos, éstas son: la presencia armada del ELN y demás grupos de origen político que aún no se sientan a negociar y tenemos que insistir en que se inicie ese proceso; la violencia del narcotráfico, de los grupos paramilitares, las violencias provenientes de la inseguridad ciudadana, esa que nos azota en las calles, que asaltan las viviendas; éstas se tienen que erradicar con firmeza; la violencia intrafamiliar que es una de las más nefastas por los efectos que tiene en el desarrollo de la personalidad de niños, niñas adolescentes, jóvenes y personas mayores, necesita una atención especial porque esta unidad social es el origen de la formación de las vivencias de la democracia, A partir del acuerdo estas violencias ocupan los escenarios más visibles en el concierto nacional y sus actores tendrán que entender que sus pretensiones ya no tienen ninguna posibilidad en nuestro mundo; porque con la visión de este nuevo país, que empezamos a construir, los colombianos y las colombianas nos volveremos cada vez más intransigentes con los violentos. Cada vez más diremos no a la guerra, no a las violencias como forma de resolución de los conflictos, ni una víctima más por el conflicto armado, por feminicidios, por maltratos a los niños y niñas, por asaltos y robos. Finalmente, se hace visible nuestra forma íntima de ver el mundo con sus intransigencias, sus dogmatismos y su intolerancia, tenemos que formar nuestro yo con los atributos de la igualdad, la libertad, la autonomía y la responsabilidad.

En segundo lugar, el acuerdo tiene los elementos fundamentales para construir la democracia del presente. El texto contiene los referentes que nos muestran cómo podemos sentir y vivir la democracia, la apertura de espacios para el ejercicio de la vida política, social, económica y cultural, la insistencia en la igualdad de hombres y mujeres, de la gente del campo y la ciudad, de los indígenas, afros, Rom, mestizos y de la población LGBTI. La apertura de posibilidades de acceso a las tierras, de desarrollo de proyectos de vida con programas integrales, de espacios para el ejercicio de la política, para la expresión de las ideas y opiniones. El llamado a la participación ciudadana en todos los campos de la gestión pública y privada es un  llamado también a la responsabilidad individual y colectiva. En este proyecto de país que nos trae el acuerdo se asiste a quienes lo necesitan pero se apela a la autonomía responsable para gestionar la vida según las ilusiones y sueños personales y colectivos. Todas y todos somos responsables de la vida buena y placentera personal y de todo el país. En tercer lugar, el acuerdo es modelo para la comunidad internacional; desde la dimensión universal de la democracia mostramos la posibilidad de una sociedad global con enfoque de los derechos humanos y las libertades fundamentales en igualdad de condiciones, con cooperación internacional fundada en la igualdad y la libertad de los pueblos. Por estas razones, voto si, invito a votar si por el acuerdo que pone fin al conflicto armado porque es un llamado a los colombianos y las colombianas y a la comunidad internacional a construir la paz estable y duradera acá y en otros lugares del planeta. Ésta es la vocación de la humanidad en el siglo XXI. Con el sí decimos adiós a la guerra y, como humanos, viviremos con las vivencias del humanismo y de la democracia con todos y todas y para todas las personas.

 

Bogotá 30 de agosto de  2016

 

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