PAZ EN COLOMBIA

La Democracia es de verdad. Sobre las mentiras del No y el consenso racional.

90f4f912838105-5626df002a4a7

Por Christian Castaño*

I. Sobre la verdad en la democracia

En el ‘Prólogo para Franceses’ de José Ortega y Gasset en su famoso ensayo La Rebelión de las masas, el filósofo español dice lo siguiente al reflexionar sobre el lenguaje: ‘Lo de menos es que el lenguaje sirva también para ocultar nuestros pensamientos, para mentir. La mentira sería imposible si el hablar primario y normal no fuese sincero. La moneda falsa circula sostenida por la moneda sana. A la postre, el engaño resulta ser un humilde parásito de la ingenuidad’[1]. Él, que odiaba al hombre medio, al hombre-masa, y que se lamentaba del deplorable uso que en las sociedades modernas se le daba a la palabra, incluyendo también en esto su uso en el debate público y político, afirmaba esto que no es otra cosa sino consecuencia lógica sobre el lenguaje: La mentira es la excepción, pues presupone la honestidad.  Aunque parezca extraño el salto, es importante decir (exagerando un poco por supuesto) que la afirmación de Ortega y Gasset que acabamos de citar, es precisamente el punto de partida de Jürgen Habermas, filósofo alemán que distingue la Acción comunicativa —actos de habla orientados al entendimiento que presuponen la posibilidad de una justificación racional— y la Acción estratégica —actos de habla que pretenden lograr ciertos efectos en el interlocutor, p.ej. engañarlo, etc. Para él, el uso original del lenguaje es aquel de la acción comunicativa —la honestidad—, pues  1) aceptar un acto de habla implica aceptar todas las consecuencias gramaticales de dicho acto; y 2) Si se cuestiona el acto de habla de alguien, éste debe estar dispuesto a dar razones y justificaciones del mismo, i.e, si alguien afirma que ‘p’ y alguien acepta dicho juicio, acepta todas las consecuencias lógicas y/o gramaticales de dicha afirmación, y a la vez, si acepta que ‘p’ es el caso, debe estar dispuesto a dar razones de por qué ‘p’ es el caso si alguien le contradice diciendo que ‘p’ no es el caso. Por ello, estas dos razones son fundamentales para que exista la posibilidad de mentir, pues la mentira es la caricatura de la acción comunicativa, también se sustenta en ‘argumentos’ y debe ser defendida, en últimas, debe tomar el lugar de la verdad, por medio de tergiversaciones, deformaciones, o a través del uso de la fuerza.

Ahora, ¿cómo se decide entre un acto de habla orientado al entendimiento y otro acto de habla orientado a la manipulación y/o el engaño? ¿Cómo distinguir entre un acto comunicativo y un acto estratégico si ambos presuponen unas determinadas justificaciones? Esto depende de la forma en que se estructuran los procedimientos formales —según Habermas y otros—para una discusión pública y razonada. Las condiciones para ello son: 1) que todo sujeto con la capacidad de hablar pueda tomar parte en el diálogo; 2) Cualquiera puede poner en cuestión cualquier afirmación realizada por otros en el diálogo; 3) Cualquiera puede introducir una afirmación en el diálogo en cualquier momento; 4) cualquiera puede expresar sus necesidades y deseos; y 5) Ningún interlocutor debe estar bajo ningún tipo de coerción y/o prevención que le impida participar en el diálogo. Por supuesto, todo esto tiene sus bemoles, pero más allá del hecho contingente de que aquí o allá y/o en cierto momento histórico sea posible, y que con ello sea suficiente un consenso racional sobre asuntos científicos, filosóficos, morales o políticos, estas condiciones son las que se presuponen cuando hablamos y disputamos sobre el mundo, y en últimas, sobre la verdad.

En una democracia que tenga por finalidad lograr un consenso racional, posibilitado por una serie de procedimientos pragmáticos legales que posibiliten la discusión pública y razonada, se suponen unos mecanismos de participación. Para Habermas, esto sucede en la esfera pública, la cual se constituye de dos tipos de público, un público débil y un público fuerte, el primero constituido por miembros relevantes para la propagación y difusión de ideas y puntos de vista en la sociedad, como los son la televisión, la radio, periódicos, revistas, internet, etc.; de otra parte, está el público fuerte, constituido por el parlamento o aquellos miembros de la democracia deliberativa que se supone están allí para llevar las discusiones que se producen en el público débil y tramitar y decidir como sus representantes políticos dichas discusiones, resolviendo esto en decisiones legales de carácter vinculante. Dicho esto, en la mejor democracia posible, la verdad se impone, pues las formas en que se estructura la participación conllevan necesariamente a la enunciación de la verdad. Desde el giro pragmático de Rorty, quien concibe la verdad como aquello que está justificado, pero también desde la revolución de Popper con el falsacionismo[2], se deja de lado la definición básica de la verdad como el concepto que se corresponde con el objeto, y más bien se entiende a la verdad como un acuerdo intersubjetivo el cual tan solo se fundamenta y se sostiene por las justificaciones que han ganado la batalla de las ideas, es decir, donde gana el mejor argumento. Ahora, más allá de esto, ¿podemos decir por ello que dado un consenso razonable y racional este necesariamente conlleva a que todos/as y cada uno/a de los/as participantes acepten individualmente dicho consenso? ¿Una discusión libre, informada y razonada nos garantiza que todas las personas renuncien a sus prejuicios y acepten de una vez y para siempre la verdad o lo que se considera como verdadero y razonable? No, evidentemente. El problema que da origen a la reflexión sobre la racionalidad práctica es sobre si las razones dan lugar a las acciones o si son sólo motivos (deseos p.ej.) los que dan lugar a la acción, y cómo esto es posible. En todo caso, si ante el consenso, alguien decide simplemente mantenerse en su posición aunque no sea razonable, esto no implica —al menos en una democracia deliberativa— que no pueda imponerse legalmente  el consenso.

*Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia y Estudiante de maestría en Filosofía, Educador Popular del Centro de Educación Popular Chipacuy.

II.  Sobre la posverdad y la abnegación.

Ahora bien, resulta bastante sintomático de nuestra tristísima época que justo en este año el diccionario Oxford eligiera como palabra del 2016 el neologismo ‘post-truth’, lo que traduce al español ‘pos-verdad’, la cual se define como ‘circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal’. Vimos cómo Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos a punta de mentiras, incluso negando la realidad del cambio climático como un fenómeno antropogénico. Según un seguimiento de las afirmaciones de Donald Trump que hizo la agencia PolitiFact, el 78% de éstas eran falsas o inexactas. De otra parte, como nos comenta Enrique Alpañes, ‘Seis horas después de ganar el referéndum a favor del Brexit, el exlíder del UKIP, Nigel Farage, reconoció que los dos principales argumentos que había esgrimido para defenderlo eran falsos. Reino Unido no iba a invertir 350 millones de libras a la semana en Seguridad Social por dejar de pagárselos a la Unión Europea, y su salida del club de los 25 no supondría un freno a la inmigración’[3]. Igualmente, en nuestro contexto, asistimos al proceso mentiroso y mezquino de la campaña del NO en el plebiscito por la Paz, que entre otras afirmó que el acuerdo traería impunidad, ponía en duda el derecho a la propiedad privada, impondría la llamada ‘ideología de género’ (¿Qué carajos es eso?), etc.[4]. En whatsapp circularon varias cadenas con mentiras que afirmaban que se reduciría mesada de los pensionados para pagar el reintegro de guerrilleros, que se había descubierto un plan de fraude electoral preparado por el gobierno nacional, etc.[5]. El resultado, como todos los sabemos, fue la victoria del NO.

A pesar de esto, en Colombia hace unos días el Consejo de Estado consideró que el resultado de las votaciones en el plebiscito por la paz no son vinculantes para la implementación del acuerdo, esto en la medida en que hubo ‘engaño generalizado’ y se recurrió a violencia sicológica sobre el elector, i.e, se incurrió en el delito electoral de fraude al sufragante. Con esta consideración se afirma que el legislativo debe pronunciarse al respecto, soslayando así la victoria del NO[6]. Así mismo se consideró que las declaraciones públicas de Juan Carlos Vélez —aquella entrevista en la que afirmaba que lo que se quería era que la gente fuera a votar verraca— tienen carácter probatorio, pues indudablemente, como todos los que seguimos de cerca el proceso de paz, la publicidad del NO en absoluto se preocupó por debatir los puntos del acuerdo, y antes bien se dedicó a engañar a los ciudadanos y ciudadanas con chismes o afirmaciones falsas o inexactas (igual que hizo Trump en Estados Unidos, o Farage en el Reino Unido) . A pesar de esto, muchas personas consideran que esta sentencia del Consejo de Estado es un golpe a la democracia, pues lo que hace es anular los resultados de una elección popular. El titular de una entrada de la agencia de noticias ‘Panam Post’ —agencia relacionada con el sofista Daniel Raisbeck, líder del movimiento libertario y que difunde la ideología (verdadera ideología) libertaria— así lo demuestra, pues reza: ‘Golpe a la democracia en Colombia: corte pro-Santos invalida resultado del plebiscito’. Si bien en el artículo no se ofrece ningún argumento para afirmar que se trata de un golpe a la democracia, por lo que se publica allí es fácil advertir de qué se trata todo esto. Del mismo autor, hay otra entrada bastante tendenciosa que se intitula ‘Esposo de magistrada que invalidó plebiscito tiene grandes contratos con el Estado colombiano[7]. En otras ocasiones he visto publicaciones de este mismo portal de desinformación que defienden de una u otra manera el resultado del plebiscito, afirmando que es antidemocrático y que va en contra de la libertad de expresión y de elección de los individuos el hecho que aún a pesar de la victoria del NO el gobierno pretenda implementar los acuerdos. Pero de otra parte están los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana pregonando que esta decisión del Consejo de Estado es una medida dictatorial. Nada más alejado de la verdad que el Panam Post y los pregones de los ideólogos del mamertismo de derechas.

III. ‘Y sin embargo se mueve…’

‘Eppur si mouve’, ‘y sin embargo se mueve’, se dice que dijo Galileo ante el tribunal de la Iglesia que lo acusaba de herejía por defender el heliocentrismo. A pesar de la autoridad de la iglesia y la creencia que se tenía en el sistema ptolemaico, la tierra sin embargo se movía por aquellas épocas, como aun lo sigue haciendo, como necesariamente se cumple de unas ciertas leyes de la física. Podríamos decir hoy día que la comunidad científica, que hoy se organiza[8] frente a los políticos, movimientos y empresarios que niegan el cambio climático, entre ellos Trump y su secretario de Medio Ambiente, dicen, frente a su autoridad y negativa de aceptar la verdad científica —suficientemente justificada—, que la tierra, ‘sin embargo se calienta… ¡por la emisión de gases invernadero!’. No se trata, por supuesto, de un argumento de autoridad, la verdad sobre el cambio climático es un consenso lo suficientemente justificado racional y científicamente dentro de la comunidad científica que lo estudia. Claro, hay quienes han realizado críticas y estudios para refutar dicha hipótesis, pero no ha resultado lo suficientemente convincente para negar, dentro de las numerosas publicaciones científicas, estudios interdisciplinarios realizados por numerosos centros de investigación en diversas universidades u organizaciones multilaterales —la ONU por ejemplo—, lo que se concibe como lo que es verdadero. Pero aun así Trump y los conservadores norteamericanos afirman que el calentamiento global es un invento chino para disminuir la productividad de Estados Unidos, o que el calentamiento global es ideología ecosocialista.

Pero nada de eso. Hoy nos enfrentamos a la clara técnica de manipulación que se fragua detrás del escenario público y político, alimentado por quien sabe qué técnicas sico-sociológicas que se implementan en la publicidad. El lenguaje orwelliano, del cual nos hablaba tanto Marcuse en sus consideraciones sobre el capitalismo tardío, aquel lenguaje estratégico que presenta la verdad como contrasentido o camuflándola mediante denominaciones y actos de habla que hacen pasar una cosa por la otra —Recordemos que en ‘1984’ la paz es la guerra—, hoy es el pan de cada día en las posiciones de poder. Ese mismo lenguaje que en la publicidad del NO en el plebiscito, apelando a la politología instrumentalista y perversa, hizo pasar la justicia transicional como impunidad, o la verdad como ‘traición a la patria’ en tanto que juzgaría bajo el mismo racero a las FARC y los victimarios miembros del ‘glorioso ejército nacional’, el mismo lenguaje que convenció a más de uno que Santos era un caballo de Troya, un socialista, cosa que pregonan con argumentos extraños los opinólogos de pregrado del Panam Post[9].

Pero la verdad, a despecho de muchos/as, no es algo que se decida por mayorías, por números. La verdad es el acuerdo intersubjetivo que se da en una discusión libre en la que, como dijera Kant, todo podía ser puesto en duda. No podemos decir, como dicen los ‘Libertarios’ en sus panfletos disfrazados de información, que la votación en el plebiscito es el producto de la libertad y el raciocinio, p.ej, afirmando lo siguiente: ‘El presidente colombiano Juan Manuel Santos acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz. El Comité Noruego se empecinó en otorgárselo a pesar de que los colombianos –los directamente interesados en terminar con el sangriento conflicto que asola a su país desde hace medio siglo- consideraron que el acuerdo Santos- Farc era inaceptable’

Veamos. Según lo que dijimos al comienzo de este escrito, hoy por hoy no podemos decir sino que la verdad es un acuerdo intersubjetivo que presupone un principio de universalidad, i.e, que toda persona capaz de habla pueda participar en la deliberación, que todo argumento pueda ser puesto en duda por cualquiera, que no exista ningún tipo de coerción sobre la participación y al raciocinio de quienes deliberan, etc. Se supone que de allí se llega a un consenso, y que éste es racional, pues estas condiciones que caracterizan ‘el hablar primario y sencillo’ —como dijera nuestro chovinista y elitista filósofo español Ortega y Gasset— garantizan que, bajo unas condiciones reales que permitan su surgimiento, todo el mundo pueda dar razones que justifiquen una cierta posición, y que si éstas resultan refutadas, el consenso sea operante y se imponga. Entonces ¿Podemos extraer del proceso de paz que éste llego a unas conclusiones que se consideran inaceptables? Si esto fuera cierto, las condiciones que mencionamos para la enunciación de la verdad debieron ser la excepción en la construcción del acuerdo que pusimos a consideración de los ciudadanos y ciudadanas del país el 2 de Octubre. Empero, esto no fue así.

Timochenko mismo invitó a Álvaro Uribe a dialogar sobre paz[12], se crearon mecanismos para que la ciudadanía enviara propuestas a la mesa de conversaciones[13], contó con la participación de las víctimas del conflicto[14], el gobierno nacional creó mecanismos de difusión de los acuerdos y del avance en las conversaciones de la Habana, se creó una comisión histórica del conflicto conformada por académicos de distintas posiciones políticas para escribir la historia del conflicto[15], etc. De otra parte, se dieron distintos debates en televisión, escritores, periodistas y columnistas, en el ámbito de lo que denominamos esfera pública del público débil, hicieron sus críticas y aportes, y vale decir que los argumentos siempre estuvieron del lado del SI y para infortunio de libertarios y apologetas dogmáticos de derechas, no fue así de parte del NO. Un ejemplo de ello es cómo Alfredo Rangel se ve refutado en un debate, en el cuál sólo enunciaba mentiras, excusándose afirmando que no había ‘transparencia ni claridad’ con respecto a cómo se estaban construyendo los acuerdos, cosa que, como ya dijimos, es falsa. Henry Acosta le contesta de manera implacable[16]. De igual forma, en un debate en Semana, Enrique Santiago, asesor jurídico de las FARC en los diálogos de la Habana, desmintió la retórica de Jaime Castro, quien cree que los argumentos son una especie de aforismos retóricos, palabras cortas y raras o apuntes sociológicos repletos de latinajos de corte barroco que adornan opiniones subjetivas y que se validan tan solo por su belleza prosaica. Ante el argumento de Castro, quien sostuvo contra viento y marea — y vale decir, contra la razón—, que los acuerdos firmados eran un golpe de Estado a la constitución, Enrique Santiago le demuestra con claridad y bastante lógica que está errado, ganándole a todas luces el debate al exministro

Nos encontramos así con que los mecanismos pragmáticos y legales de una discusión pública y razonada nunca estuvieron tan presentes como sucedió con la elaboración y discusión de los Acuerdos de Paz. Con esto, por supuesto, no quiero decir que la democracia colombiana sea el modelo vivo de la democracia deliberativa en el mundo, pero sí que, respecto a la manera en que se realizó el acuerdo para la paz entre gobierno y las FARC, existió, como nunca antes, una amplia discusión y debate. Empero, esto no responde a por qué los colombianos y colombianas votaron por el NO, es decir, por lo menos razonable. Pero no es difícil verlo, sobre todo a la luz del concepto de la acción estratégica, de la cual hablamos al inicio de la mano de Habermas, i.e, aquellos actos de habla que buscan producir ciertos efectos en los interlocutores. Como dijimos, la acción estratégica presupone la acción comunicativa, la mentira presupone la verdad, y por ello pretende tomar su lugar. No hay mejor ejemplo que lo que sucedió con la difusión de afirmaciones falsas o inexactas sobre el acuerdo por parte de la publicidad de los promotores del NO. Pero ya hemos hablado sobre ello, baste tan solo con recordar aquellas declaraciones que  hoy el Consejo de Estado considera tienen carácter probatorio:

‘Hicimos una etapa inicial de reactivar toda la estructura del Centro Democrático en las regiones repartiendo volantes en las ciudades. Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia  era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa individualizamos  el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela.  Y aquí el No ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda  por radio la noche del sábado centrada en víctimas’[18].

Juan Carlos Vélez lo enuncia bien, no ganaron explicando los acuerdos, fruto de un consenso racional y razonable entre quienes sufrieron el conflicto, los ciudadanos y ciudadanas que mandaron sus propuestas a la Habana y asistieron a las distintas discusiones públicas sobre el asunto, un consenso entre los científicos sociales y humanistas, y en fin, de todos aquellos que dentro de la esfera pública hicieron parte de la deliberación, que contó con las garantías para producir un consenso de ese tipo. Ganaron apelando a la emoción, no a los hechos, ganaron apelando a las creencias falsas más afirmadas en la sociedad colombiana, p.ej. que las FARC son culpables de la mayoría de desplazamientos en el país[19], o que cometieron el mayor número de masacres durante el conflicto[20], etc. Sin embargo, a pesar de los datos y las evidencias, colombianos y colombianas creemos que todo eso es cierto, y, paradójicamente, gracias a los medios de comunicación que conforman la esfera pública. Una investigación en desarrollo ha encontrado cómo los medios han encubierto mediante ciertas denominaciones la responsabilidad de los paramilitares en ciertas masacres, mientras que han sido explícitos respecto de los crímenes cometidos por las FARC-EP, y cómo esto se corresponde, no con los hechos, sino con la percepción de los colombianos víctimas de los medios de comunicación[21]. Pero las creencias falsas no dejan de ser falsas porque lo queramos, no se trata de wishful thinking, i.e, cuando ‘creemos que p porque deseamos p’. Las creencias obedecen, no tanto a condiciones psicológicas sino a las razones que tenemos para creer ‘x’ o ‘y’. Las creencias se forman a través de la deliberación, y se sustentan en las razones que tenemos para afirmar que tal o cual cosa es el caso. Con ese tipo de información, ¿qué podíamos esperar?

Pero la cuestión es más compleja aún, pues no podemos evadir la cuestión simplemente diciendo ‘bueno, los colombianos escogieron lo mejor que pudieron teniendo en cuenta la información con la que contaban’. Cuando hicimos una breve reflexión al principio sobre la verdad, la mentira y la posverdad, podemos darnos cuenta claramente el papel que tuvo la campaña del NO. Apelaron a las emociones y las creencias incuestionadas de los colombianos y colombianas, y eso se corresponde con nuestra palabra del año, la ‘posverdad. Pero ¿qué hay de la democracia? ¿Por qué algunos consideran que se daña la democracia —entre ellos los  las libertarios/as— con la decisión del Consejo de Estado? ¿Qué entienden por democracia? En primer lugar, debemos decir, junto con el auto del Consejo de Estado, que no puede haber elección libre con coerción de ningún tipo, incluyendo la violencia sicológica. De tal suerte, los incansables ‘defensores de la libertad’, los ‘libertarios’, no pueden afirmar que la elección fue producto de la libertad, ni mucho menos del raciocinio y la voluntad naturales de los individuos. De otra parte, ¿qué entienden por democracia quienes defienden la victoria del NO? Alasdair McIntyre, el filósofo moral comunitarista, nos puede dar una respuesta. Estos consideran la democracia a la luz de la tradición liberal, moderna y mercantilista, la cual concibe que no puede existir ninguna noción del bien común que esté por encima de las demás, pues el individuo liberal se mueve de esfera en esfera, y la única regla que existe es una procedimental que permita la coexistencia de todas las distintas concepciones del bien común. Pero no sólo de ellas, sino de las distintas creencias, y, ante todo, preferencias, que como en el mercado, sólo se tramitan mediante transacciones de compra y venta[22]. Alguien que conciba la democracia, en este sentido tan restringido de democracia liberal de viejo cuño, es capaz de pensar que lo razonable es la moda estadística de las preferencias, sin importar si estas son o no razonables o si cuentan con cierto grado de justificación.

Es indudable que lo que ganó en el plebiscito no es otra cosa sino la mentira, i.e, la acción estratégica que privó el razonamiento moral y político de los colombianos y colombianas. Esa estrategia, como lo confirma el Consejo de Estado, pero también gran parte del público informado, practicó coerción sicológica sobre los electores, tergiversó de manera intencionada el contenido de los acuerdos, apeló a las emociones y creencias falsas afirmadas por medios de comunicación y todo tipo de mercachifles de ideas que abundan por estas tierras. El NO, no es ni un resultado producto de la libertad, de la razón, ni es un resultado legítimo ni democrático, pues ya no podemos estar dispuestos a aceptar que la democracia es la suma y resta de preferencias dadas en una muestra estadística. En la sociedad de lo posverdadero, la acción estratégica, i.e, la mentira, toma el lugar de la democracia, la cual se fundamenta en el ‘hablar primario y sencillo’ de la acción comunicativa, aquellos actos de habla que en una deliberación pública están orientados al entendimiento, al consenso y en últimas, a la verdad. No podemos considerar la decisión del Consejo de Estado como una decisión arbitraria, pues está fundada en la razón. Por otra parte, tampoco podemos caer en el populismo de los libertarios, pseudointelectuales que hacen unas mescolanzas extrañas de ideas que no tienen coherencia lógica alguna, que tan solo confunden a la opinión pública, y que a través de acciones estratégicas quieren hacer pasar la verdad como manipulación progresista. A pesar de los resultados de las elecciones en Estados Unidos, la tierra, sin embargo se mueve, sin embargo, y muy a pesar de quienes la habitamos, se calienta por la emisión de gases invernadero. A pesar del triunfo del Brexit, los inmigrantes seguirán llegando a U.K  y el gasto social no aumentará, y sin embargo, la globalización continúa. A pesar de la manipulación de los politólogos y estrategas maquiavélicos encargados de la publicidad del NO, el sol no puede taparse con un dedo, o con 1.300 millones de pesos que costó la campaña más barata y efectiva del mundo, según Juan Carlos Vélez, pues, sin embargo, el Acuerdo de Paz que se espera implementar para acabar con un conflicto político y económico (otra verdad) es razonable.

[1] Ortega y Gasset, José. ‘La Rebelión de las Masas’ Ediciones Orbis S.A, 1983, pp. 10

[2] Con su crítica al inductivismo en la ciencia, considera que la verdad científica no descansa solo en la cantidad de pruebas que conllevan a la enunciación de leyes científicas universales, sino que, antes bien, descansa en la intersubjetividad que presupone la existencia de una comunidad científica, dispuesta a descubrir y enunciar contraejemplos que pongan en cuestión los enunciados generales y/o universales. En últimas, la verdad de un cierto enunciado descansa en la posibilidad que éste ofrece de ser criticado hasta el punto de ser refutado.

[3] http://www.yorokobu.es/posverdad/

[4] http://www.semana.com/opinion/articulo/ariel-avila-martinez-las-mentiras-del-no/491868

[5] http://www.semana.com/tecnologia/articulo/plebiscito-por-la-paz-mentiras-que-se-propagaron-por-whatsapp/495972

[6] http://www.semana.com/nacion/articulo/consejo-de-estado-reconoce-que-hubo-engano-generalizado-en-campana-del-no-al-plebiscito/510010

[7] https://es.panampost.com/orlando-avendano/2016/12/20/esposo-de-magistrada-que-invalido-plebiscito-tiene-grandes-contratos-con-el-estado-colombiano/; Allí se insinúa que la motivación de anular la votación del plebiscito proviene de los privilegios otorgados a una burocracia que se nutre de la existencia y el enorme tamaño del Estado…. Recuerden… son ‘Libertarios’.

[8] https://www.facebook.com/ClimateTruth/

[9] https://es.panampost.com/editor/2016/12/20/juan-manuel-santos-castrochavista/

[10] https://es.panampost.com/hana-fischer/2016/12/15/agenda-politica-nobel-de-la-paz/

[11] https://es.panampost.com/priscila-guinovart/2016/10/05/uruguay-colombia-deshumanizacion/

[12] http://www.elespectador.com/noticias/paz/timonchenko-invita-uribe-discutir-sobre-su-llamado-resi-articulo-632347

[13] https://www.mesadeconversaciones.com.co/enviar-propuesta/como-participar

[14] http://www.pares.com.co/paz-y-posconflicto/participacion-de-las-victimas-en-el-proceso-de-paz/

[15] https://www.mesadeconversaciones.com.co/comunicados/informe-comisio%CC%81n-histo%CC%81rica-del-conflicto-y-sus-vi%CC%81ctimas-la-habana-febrero-de-2015

[16] https://www.youtube.com/watch?v=J9cHbyUoAgU

[17] https://www.youtube.com/watch?v=JDVZgrJQ6u0

[18] http://www.larepublica.co/el-no-ha-sido-la-campa%C3%B1a-m%C3%A1s-barata-y-m%C3%A1s-efectiva-de-la-historia_427891. Subrayado es nuestro.

[19] http://www.semana.com/opinion/articulo/restitucion-de-tierras-crece-debate-opinion-de-ariel-avila/460132

[20] http://es.insightcrime.org/analisis/rastro-muerte-30-anos-masacres-colombia

[21] https://laperorata.wordpress.com/2016/10/10/de-por-que-odiamos-a-las-farc-y-no-tanto-a-los-paras/

[22] Macintyre, A. (1988). Whose Justice? Which rationality? Indiana: University of Notre Dame Press.

  1. 337-340.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s