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Crónica de una resurrección (EL ESPECTADOR)

Crónica de una resurrección*

Por Héctor Peña Díaz

Una de las cosas más difíciles para un medio de comunicación es preservar su identidad basada en los principios, la independencia y un estilo de informar. El diario colombiano EL ESPECTADOR —Un caminante que ha vivido en tres siglos distintos, pues fue fundado en marzo de 1887 por Fidel Cano—  ha sido sometido a duras pruebas en su larga existencia. No bien iniciada su vida pública en Medellín fue anatematizado por la Iglesia Católica, cuya jerarquía prohibió a sus feligreses comprarlo, si no querían caer en pecado mortal. Durante aquella época tuvo varias muertes y resurrecciones.

En los años cincuenta del siglo pasado sus instalaciones fueron quemadas por fanáticos conservadores y durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla sus rotativas, silenciadas. Muchos años después, en los 80, frente a la presión del más poderoso grupo económico del país en ese momento, que pretendió que la prensa pasara por alto sus “fechorías”, en particular su estafa a miles de ahorradores, el diario de la familia Cano habría de soportar el chantaje de la pauta y mantener su independencia a un alto precio para su estabilidad financiera. Como si esto fuera poco, de la mano maestra de su insigne director, Guillermo Cano, alertó a la sociedad colombiana sobre la nefasta influencia del narcotráfico y desenmascaró en sus páginas al más sanguinario de su jefes: Pablo Escobar, quien una vez puesto en evidencia le declaró la guerra a muerte. Fue así como el 17 de diciembre de 1986, cuando salía de las instalaciones del periódico, don Guillermo fue baleado por sicarios que así callaron a una de las plumas más lúcidas y honestas del país. Pero la ira del capo no terminó allí, un carro bomba destruiría totalmente sus instalaciones el 2 de septiembre de 1989, pero al día siguiente, una luz entre los escombros se asomó: el diario circularía para asombro de sus lectores. Cano había dicho: “La vigilancia política que la prensa ejerce  es un don  sagrado del sistema democrático”:

Sin embargo, todas esas heridas con el tiempo pasaron su factura y llegó un punto en el que, para paliar las graves dificultades económicas, el diario tuvo que transformarse en semanario. Como la cigarra, que según la canción, después de tantos años bajo la tierra, igual que un sobreviviente, que viene de la guerra, EL ESPECTADOR acaba de resurgir como diario en una Colombia urgida de voces nuevas y puntos de vista críticos sobre los complejos contrapuntos de su realidad, perspectivas que sus lectores encontraban los domingos y que ahora hallarán todos los días en sus páginas editoriales.

El ESPECTADOR se ha distinguido por su pluralismo, por acoger en sus páginas a grandes poetas y escritores colombianos como Porfirio Barba Jacob, Jorge Zalamea y Gabriel García Márquez; allí han podido exponer sus ideas intelectuales perseguidos y ha sido refugio de periodistas amenazados. La historia del periódico se confunde con las luchas de muchos sectores en el país por una más amplia libertad de expresión y ha contribuido a fortalecer una mayor conciencia política en la ciudadanía, ese es su legado y su principal activo que, en esta nueva resurrección ojalá se consolide para bien de la democracia y la verdad.

* Como un reconocimiento a EL ESPECTADOR en sus 130 años reeditamos este texto publicado originalmente en la revista Américas en 2008

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